+ ¿Qué?
- Quiero seguir hablando contigo, ¿entiendes? No tengo ni idea de cual es tu situación, pero siento que entre nosotros hay algo como... química, ¿no?
+ Sí, yo también.
- Genial, bueno, te propongo lo siguiente: Qué tal si te bajas del tren conmigo y nos vamos juntos a explorar Viena.
+ ¿Cómo?
- Venga, será divertido. Vamos.
+ ¿Qué haríamos?
- No lo sé. Lo único que sé es que tengo un vuelo de aeroíneas autríacas a las nueve y media, y no tengo bastante dinero para un hotel, así que iba a rondar por ahí y sería más divertido si me acompañaras. Y si, al final resulto ser un psicópata, sólo tienes que coger otro tren. [...] Vale, de acuerdo, plantéatelo así: imagínate dentro de 10 o 20 años, ¿vale?. Estás casada y resulta que tu matrimonio ya no tiene la misma emoción que tenía antes, ¿sabes?. Le echas la culpa a tu marido, empiezas a pensar en todos los hombres que has conocido en tu vida y en lo que habría pasado si te hubieses ligado a alguno de ellos, ¿vale?. Pues yo soy uno de esos. Yo mismo. Así que plantéate esto como un viaje en el tiempo desde el futuro hasta el ahora, para saber lo que te has perdido. Esto podría ser un excelente favor para ti y tu futuro marido al descubrir que no te estabas perdiendo nada, que soy un perdedor igual que él, sin ninguna motivación, que soy aburrido y que no te equivocaste al elegir y eres feliz.
+ Voy a por mi bolsa.
(Antes del amanecer, 1995)
No hay comentarios:
Publicar un comentario