Pero si lo pensamos sencillamente, sin adornos ingeniosos, surge la pregunta ¿qué motivo tenemos de ser orgullosos? ¿Qué sentido tiene que el hombre sea orgulloso cuando es un ser que no está bien construido fisiológicamente, y además, en la inmensa mayoría de los casos, es grosero, ignorante y profundamente infeliz? Hay que poner coto a esta admiración de sí mismo. Lo único preciso es trabajar.
(El jardín de los cerezos - Anton Chéjov)
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