Se vio de nuevo tendida en aquel barranco, en la nieve, en medio de un silencio perfecto. Tampoco ahora nadie sabia dónde estaba; tampoco ahora vendrían a por ella. Tampoco ella lo esperaba ya.
Sonrió al cielo terso. Con un poco de esfuerzo podría levantarse sola.
(La soledad de los números primos - Paolo Giordano)
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