- Bien. Éste era el panorama en la boda de mi hermana, veréis: ella emborrachándose arrepentida de haberse casado por tercera vez, imaginaos. Mi madre tan celosa que le salen serpientes de la cabeza, y yo pensando esto es perfecto. Tenemos tres arquetipos femeninos: la puta divina, perdón, la medusa y yo. ¿Quién soy yo? ¿Qué arquetipo? […] ¿Trevor?
- ¿La virgen María?
- Muchas gracias, Trevor. No, la fiel doncella. Siempre la dama de honor, nunca la novia. Sin embargo, eso demuestra lo que dijo Jung de que los mitos y arquetipos siguen vivos y coleando, y rondando por mi casa. Estando, estando en el altar junto a mi hermana y a su futuro marido. Se me ocurre que ese ritual llamado “ceremonia nupcial” es realmente la escena final de un cuento de hadas, no te cuentan lo que pasó después, no te cuentan que la Cenicienta volvió loco al príncipe por su obsesión de limpiar el castillo, porque echaba de menos su aspiradora. No. No nos dicen lo que pasa después porque no hay un después, el non plus ultra del amor romántico era… ¿Mike?
- ¿El sexo?
- Mike, Mike, Mike, el sexo… Eres un obseso, ¿verdad? […] ¿Sí?
- El matrimonio.
- El matrimonio, sí señor. Pero no siempre ha sido así. Hacia el siglo XII existía un concepto llamado amor cortés, donde el amor no tenía nada que ver con el matrimonio, ni con el sexo. En muchos casos era definido como una relación apasionada entre un caballero y una dama de la corte que ya estaba desposada. Así que jamás podían consumar su amor, por lo tanto tenían que superar esa clase de amor cotidiano, tipo “vamos juntos al cuarto de baño, cariño”, ¿comprendéis? Y seguían algo más divino, eliminaban el sexo de la ecuación y les quedaba solamente la unión de las almas, pensadlo. El sexo fue siempre la fatídica poción amorosa, ved la literatura de la época: Lanzarote y Ginebra, Tristán e Isolda. La consumación solo llevaba a la locura, desesperación o la muerte. Expertos clínicos y humanistas viven en la creencia del que el verdadero amor tiene dimensiones espirituales. Y el amor romántico no es más que una mentira, una ilusión, un mito moderno, una manipulación desalmada. Y hablando de manipulación, es como cuando vamos al cine, y vemos a los amantes besarse en la pantalla y sube la música, y nos lo tragamos, ¿no? Y cuando salgo con mi pareja si cuando me da el beso de despedida no oigo la filarmónica en mi cabeza lo planto. La cuestión es… ¿por qué nos lo tragamos? Nos lo tragamos porque aunque sea un mito o una manipulación en el fondo todos queremos enamorarnos, ¿no? ¿Por qué? Porque esa experiencia nos hace sentir completamente vivos. Los sentimientos se elevan, nuestras emociones aumentan, la realidad cotidiana se hace añicos y salimos despedidos hacia el cielo. Puede que solo dure un momento, una hora, una tarde, pero eso no disminuye su valor porque nos quedan unos recuerdos que guardaremos toda nuestra vida. Hace tiempo leí un artículo que decía “Cuando nos enamoramos oímos a Puccini en nuestra mente”, me encantó. Creo que es porque su música expresa por completo el ansia de pasión que hay en nuestra vida y de amor romántico. Y mientras escuchamos la bohème o turandot, o leemos “Cumbres borrascosas” o vemos “Casablanca”, un poco de ese amor también vive en nosotros. Así que la cuestión final es: ¿Por qué la gente busca el amor cuando este tiene una caducidad limitada y puede ser aniquilador? ¿Steasy?
- Lleva la propagación de la especie.
- ¿Randy?
- Psicológicamente necesitamos conectar con alguien.
- Puede ser… ¿Gil?
- ¿Condicionamientos culturales?
- Buenas respuestas pero muy intelectuales para mí. Yo creo que es porque, como algunos de vosotros ya sabéis, mientras dura te sientes de puta madre. Por eso.
(El amor tiene dos caras, 1996)
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